VERDE COMO EL DESTINO. CAPÍTULO 15
CAPÍTULO 15: Tú, mi lugar favorito
Dicen que el amor llega cuando menos lo esperas.
Yo creo que llega cuando más rota estás.
Porque solo cuando alguien ha conocido el verdadero dolor es capaz de distinguir la diferencia entre quien te abraza para salvarte y quien te abraza para poseerte.
Sin darme cuenta, Pablo y yo empezamos a acostumbrarnos el uno al otro.
Ya no hacía falta preguntarnos si nos veríamos.
Era algo natural.
Él formaba parte de mis tardes.
Y yo, poco a poco, de las suyas.
Algunas veces seguíamos bajando a aquella esquina donde meses atrás había aprendido a respirar otra vez.
Las mismas pipas.
Las mismas cartas.
Los mismos bancos.
Pero ya no era la misma mujer.
Aunque todavía cargaba con una mochila demasiado pesada.
Había conseguido salir de una relación que casi acaba conmigo.
Pero seguía arrastrando una batalla silenciosa.
Los porros.
El hachís.
Aquella adicción seguía acompañándome.
Me había convencido de que fumar era la única forma de apagar mi cabeza.
De dormir.
De dejar de pensar.
Y, aunque mi vida estaba empezando a cambiar, todavía no era consciente de que también tendría que aprender a vivir sin esa otra cárcel.
Entre toda aquella gente seguía estando el chico que tanto dinero me había hecho gastar.
Aquel que siempre vivía instalado en la pena.
Siempre tenía una historia triste.
Siempre necesitaba ayuda.
Siempre conseguía que alguien acabara pagando por él.
Nunca trabajaba.
Nunca buscaba hacerlo.
Siempre encontraba una excusa.
Con el tiempo comprendí que había personas que hacían del papel de víctima su forma de sobrevivir.
Y él era una de ellas.
No tardó en darse cuenta de que entre Pablo y yo estaba ocurriendo algo.
Todavía no éramos pareja.
Ni siquiera hablábamos de serlo.
Pero había miradas que hablaban mucho más que cualquier palabra.
Y eso...
Eso le molestó.
Empezó a sembrar dudas.
A inventar historias.
A enfrentar a unos con otros.
Intentó convencer al grupo de que Pablo no era buena persona.
Que yo estaba cambiando.
Que los dos nos habíamos apartado de ellos.
Poco a poco consiguió que varias personas se pusieran en nuestra contra.
Pero hubo algo que jamás pudo romper.
Mi familia.
Mis primos.
Especialmente uno de ellos.
El hermano que la vida nunca me dio.
Habíamos crecido juntos.
Compartido infancia.
Secretos.
Caídas.
Risas.
Él jamás dudó de mí.
Nunca.
Y muchas veces pienso qué habría pasado si hubiera conocido toda la verdad.
Si hubiera sabido cada golpe.
Cada insulto.
Cada noche de miedo.
Estoy segura de que habría hecho todo lo posible por sacarme de aquel infierno mucho antes.
Pero yo nunca se lo conté.
Porque el maltrato también te enseña a esconder el dolor de quienes más te quieren.
Al final entendí algo muy importante.
No importa cuánta gente decida marcharse de tu vida.
Importa quién decide quedarse.
Y quienes permanecieron a nuestro lado valían mucho más que todos los que eligieron creer mentiras.
Una tarde, mientras terminaba de trabajar, sonó mi teléfono.
Era Pablo.
Su voz sonaba ilusionada.
—Mis padres han alquilado un apartamento junto a la playa para pasar unos días. ¿Te vienes con nosotros?
No tuve que pensarlo.
Acepté.
No por la playa.
Ni por las vacaciones.
Acepté porque donde estuviera él...
Yo empezaba a sentirme en casa.
Todavía nos repetíamos una y otra vez que no queríamos una relación seria.
Los dos acabábamos de salir de nuestras propias batallas.
Nos daba miedo ponerle nombre a aquello que estaba naciendo.
Era más fácil decir que solo éramos amigos.
Aunque nuestros corazones llevaran semanas desmintiéndonos.
Recuerdo una noche, días antes de aquel viaje.
Estábamos en su habitación.
Yo apoyada sobre su pecho.
Escuchando el sonido tranquilo de su respiración.
Pensó que ya me había quedado dormida.
Noté cómo acariciaba despacio mi pelo.
Y entonces, casi como si hablara consigo mismo, susurró unas palabras que hicieron que el tiempo se detuviera.
—Te amo...
Lo dijo tan bajito...
Con tanto miedo...
Que todavía hoy puedo escuchar el mismo tono de voz.
Sonreí sin abrir los ojos.
Él estaba convencido de que dormía.
Guardé silencio unos segundos.
Los suficientes para disfrutar de aquel instante.
Y después, con el mismo susurro con el que él había hablado...
Respondí.
—Yo también te amo.
Sentí cómo todo su cuerpo se tensaba de golpe.
Se quedó completamente inmóvil.
Como si no pudiera creer que lo había escuchado.
Cuando abrió los ojos y nuestras miradas volvieron a encontrarse, ninguno de los dos pudo evitar sonreír.
No hacía falta decir nada más.
Aquellas cuatro palabras habían cambiado algo entre nosotros.
Y ninguno de los dos volvería a ser el mismo.
Llegó el día del viaje.
El apartamento era sencillo.
Pequeño.
Pero tenía unas vistas que parecían sacadas de un sueño.
Desde la terraza podía escucharse el mar rompiendo contra la orilla.
La brisa entraba despacio por las ventanas abiertas.
Y, por primera vez en muchísimo tiempo...
Sentí paz.
Una paz que no nacía del silencio.
Nacía de sentirme segura.
Aquella noche todavía no imaginaba que estaba a punto de convertirse en una de las más importantes de toda mi vida.
Porque hay noches que no necesitan grandes promesas.
Ni fuegos artificiales.
Ni escenarios perfectos.
Solo necesitan a la persona correcta.
Y aquella noche...
Sin saberlo...
Los dos estábamos a punto de escribir el primer capítulo de una historia que ninguno de los dos había buscado...
Pero que los dos llevábamos toda la vida esperando.
Pablo era colombiano. Había llegado a España apenas no hacía ni un año, en busca de un futuro mejor junto a su familia. Tenía unos ojos entre verdosos y ambar, capaces de transmitir calma incluso cuando él permanecía en silencio. Era un hombre de carácter, con ese temperamento latino que aparecía cuando algo le parecía injusto, pero, al mismo tiempo, poseía una sensibilidad que pocas personas llegaban a conocer. Era trabajador, no muy familiar, pero tenía una forma de cuidar a quienes quería que contrastaba por completo con todo lo que yo había vivido hasta entonces.
Quizá por eso, sin darme cuenta, cada vez encontraba más motivos para ir a ver a Jordi... aunque, en el fondo, sabía que quien realmente empezaba a convertirse en mi lugar favorito era él.
Comentarios
Publicar un comentario