VERDE COMO EL DESTINO: CAPÍTULO 3
CAPÍTULO 3: El principio del fin
Siempre había pensado que el amor era suficiente para vencer cualquier tormenta.
Y durante mucho tiempo lo fue.
El verano terminó, pero nosotros no. Al contrario, mientras las tardes de piscina quedaban atrás y el calor daba paso al frío, nuestro amor parecía hacerse más fuerte. Ya no necesitábamos un verano para ser felices; habíamos aprendido a encontrarnos en cualquier estación del año.
Llegó el invierno, y con él una nueva rutina.
Él encontró otro trabajo después de dejar la piscina. Yo seguía con el mío. Los dos empezábamos a construir, poco a poco, una vida que parecía avanzar en la misma dirección.
Había discusiones, claro.
Como las hay en cualquier pareja que se quiere de verdad.
A veces por tonterías. Otras por el cansancio o por los nervios del día a día.
Pero nunca hubo gritos que rompieran lo que sentíamos.
Nunca hubo insultos.
Nunca hubo faltas de respeto.
Siempre terminábamos sentándonos a hablar, intentando entender el punto de vista del otro, pidiéndonos perdón cuando era necesario y abrazándonos con la sensación de que ningún problema era más grande que nosotros.
Y eso me hacía pensar que habíamos encontrado algo muy difícil de conseguir.
Un amor donde el orgullo nunca era más importante que la persona que tenías delante.
Los días pasaban deprisa.
Sin darnos cuenta, los meses comenzaron a convertirse en años.
Casi tres años.
Tres años de recuerdos, de primeras veces, de sueños compartidos y de la certeza de que quería seguir construyendo mi vida a su lado.
Yo estaba a punto de cumplir veinte años.
Todavía me sentía aquella chica de diecisiete que un día levantó la vista en la piscina para encontrarse con unos ojos verdes imposibles de olvidar.
Pero la vida tiene una extraña forma de poner a prueba aquello que parece perfecto.
Mi contrato terminó.
Recuerdo el vacío que sentí el último día de trabajo. Salí por la puerta intentando convencerme de que no pasaba nada, de que encontraría otro empleo pronto.
"Será cuestión de unas semanas", me repetía.
No imaginaba que aquel pequeño cambio sería el principio de otros mucho más grandes.
Comencé a enviar currículums.
A hacer entrevistas.
A esperar llamadas que casi nunca llegaban.
Los días empezaron a parecer todos iguales.
Y cuando una persona deja de tener una rutina, a veces también deja de escuchar su propia cabeza.
Fue entonces cuando apareció el peor refugio posible.
Las drogas.
Hasta ese momento habían formado parte de nuestra vida de una manera que nos parecía inofensiva. Algo esporádico. Algo que creíamos controlar.
Qué ingenuos éramos.
Porque las adicciones nunca llegan anunciando el desastre.
Se disfrazan de escapatoria.
De diversión.
De una forma de olvidar durante unas horas aquello que duele.
Poco a poco comenzaron a ocupar más espacio del que debían.
Lo que antes era un "solo hoy" terminó convirtiéndose en un "¿por qué no?".
Y después...
En una necesidad.
Mi consumo aumentó sin que apenas me diera cuenta.
El suyo también.
Nos convencíamos mutuamente de que no era para tanto, de que podíamos dejarlo cuando quisiéramos, de que seguíamos siendo los mismos.
Pero la verdad era otra.
Ya no éramos aquellos dos jóvenes que se conformaban con hablar hasta las tres de la madrugada.
Ahora necesitábamos algo más para sentirnos bien.
Y ese "algo más" empezó a robarnos poco a poco todo lo que habíamos construido.
Sin darnos cuenta, cruzamos una puerta de la que era mucho más difícil salir de lo que jamás habríamos imaginado.
Entramos de lleno en uno de los mundos más oscuros que puede conocer una pareja que, hasta entonces, había funcionado casi a la perfección.
No fue de un día para otro.
No hubo un momento exacto en el que todo se rompiera.
Simplemente, un día levanté la vista y comprendí que ya no estábamos caminando por el mismo verano en el que nos enamoramos.
Seguíamos siendo él y yo.
Seguíamos queriéndonos con la misma intensidad.
Pero había algo nuevo caminando entre nosotros.
Algo silencioso.
Algo que no podíamos ver... o quizá no queríamos ver.
Y fue ahí...
Justo ahí...
Donde nuestra historia dejó de ser un cuento de amor para convertirse en una lucha contra aquello que amenazaba con arrebatarnos todo lo que un día juramos proteger.
Comentarios
Publicar un comentario